Audiocuento: El tiempo del reloj. De María Dolores Cabrera

Audiocuento: La librería. De María Dolores Cabrera

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Soy María Dolores Cabrera, escritora ecuatoriana. Este es el trigésimo primer audiocuento de mi autoría: El tiempo del reloj. Narrado con mi propia voz y grabado de manera artesanal. Pertenece a un segundo proyecto de Audiocuentos . Espero lo escuchen y les guste.

Soy María Dolores Cabrera, escritora ecuatoriana. Este es el trigésimo audiocuento de mi autoría: La librería. Narrado con mi propia voz y grabado de manera artesanal. Pertenece a un segundo proyecto de Audiocuentos . Espero lo escuchen y les guste.

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Poema: Mujer del otro lado


(Poema participante en el Encuentro literario: Mujer inspitación poética, realizado en la ciudad de Otavalo,

Marzo, 2023)

 


Camina mujer por tu orilla de agua sagrada.


Camina majestuosa y canta.


Canta mujer, entona las flamantes melodías de las sirenas.


Canta con ellas, canta con tu voz aguda y afinada.


Baila. Moja tus pies livianos, juveniles, níveos.


Báñalos en los encajes de la agitada espuma que danza contigo.


Baila juguetona, lozana, feliz.


Humedece tu vestido largo, vaporoso, colorido.


Empápalo sobre tus pechos tibios y tus muslos sensuales, puros.


Camina y busca.


Busca a aquella que viene del futuro, que existe desde ya en los años venideros, inciertos, sombríos.


Busca a la otra mujer triste y lacerada que te espera al otro lado de la brisa, al otro lado del tiempo, al otro lado de tu mismo ser.


Búscala en la rivera aciaga y etérea que aún no conoces.


Ahora, tu baile se detiene porque ya la has visto.


Un bulto negro y agónico te espera ávido y ansioso.


Más allá, un poco más allá.


Ahora, camina despacio mujer y acércate.

Ahí está con el cuerpo marchito y el vientre desnudo.


Acércate y mírala. El rostro lacerado. El pánico de su agonía se incrusta cruel en tu mirada.


Ahí está pidiendo salvación. Partida en dos.


Los huesos rotos. Las heridas abiertas.

El pelo enmarañado con sangre, arena y sal.


Costras malditas y agrietadas. Sórdidas.

Harapos y sudor.


Mira sus ojos lastimados, enrojecidos y húmedos como los corales profundos del océano.


Mira los moretones oscuros de su piel.

Tómala de la mano.


Levántala, mujer.


Levántala y reconoce aquel averno del que viene, reconoce los demonios que la han hecho tanto mal.


Cárgala en tu hombro y regresa breve al punto de partida.


Regresa deprisa.


Regresa como gaviota asustada que huye de la amenaza; de su destino fatal.


Detente ahí donde empezó tu danza, tu baile bendito, tu liviano caminar.


Detente, mujer y no la sueltes.


Evita que avance hacia el futuro trágico.


Desintégrala en tu abrazo, que no llegue nunca dónde tú seas ella en el mañana, en aquella playa de tu propio mar.